En el valle de las dagas de vidrio, sangra el tiempo.
Sangra porque han querido detenerlo, y una incisión
En el hábito perpetuo, ha demorado el viaje del hombre solitario.
La velocidad no garantiza espacio ni distancias.
Sólo un movimiento vertiginosamente estático.
El tiempo a veces, tiende en sus redes la violencia del engaño
Otras veces palidece en nuestros brazos,
Como una niña aparecida en una noche borrascosa
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