miércoles, 21 de noviembre de 2007
BORRASCAS
Estoy frente a mi ventana... Miro... Hace horas...Los fresnos ya están amarillos... La cúpula va tomando su color, tan pertinazmente rojo como efímero...El otoño es tan quieto. Tan rebelde a la violencia del tiempo... El otoño no transcurre, se desliza adormecido entre las cuerdas de un cello, que se lamenta y sueña. Melancólico, hondo y solitario como el alma humana, que libera a Piazzolla de la historia y de la muerte.El pasar y su capricho de arrebatarnos momentos, sin esperar que nada cambie por sí solo, construyendo monstruos gigantescos o castillos ilusorios. Devastador guerrero despiadado, avanzando sin respetar senderos; ni próceres; ni colosos; ni flores; ni días importantes; ni la página más bella; ni la niñez; ni el suicidio; ni la premura de una vejez inminente; ni el gesto desesperado; ni el beso adolescente; ni aquello que nos es tan necesario; ni este violonchelo que va llegando a concluir su partitura... Ni mi pensamiento que declina, al escribir este último punto.
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